M. - Yo… ¿Feliz? Pues a lo mejor sí y no sé interpretarlo como felicidad. Lo único
que siento es desasosiego.
T. - No tiene sentido. Eres guapísima, tus amigas te adoran, es más, el resto de
mujeres te adoran…, yo sí sería feliz con un tercio de todo eso.
M. - La verdad es que si todo eso es cierto, no tengo razones para no serlo…
Sonrió para sus adentros, pues ignoraba el gesto que debía componer para entristecerse sin que nadie lo notara…
T. - Me apetece dormir contigo
M. - A mí también
<<"Estoy empezando a sentir algo por ti, y eres la primera mujer por la que lo siento. Y aunque suene a cuento chino, eres la primera verdad, porque nunca antes hubo otra, porque no me gustabaís hasta hace dos semanas">>.Sonaba demasiado peliculero. No podía hacerlo, confesar eso era encerrarse en el armario del que nunca había salido, era desechar la idea de que alguna vez estaría con un chico. Admitirse a sí misma como bisexual era complicado, pero hacerlo como lesbiana…Totalmente imperdonable.
T. - Puedes aparcar ahí, la plaza es de mis padres.
M. - Como no abras la puerta de la urbanización… ¿Por qué está vacía? ¿No decías
que estarían en casa?
T. - Sí, perdón, estoy nerviosa. Esto…, mis padres sólo tienen un coche, compraron
la otra plaza por si la necesitaban más adelante.
M. - ¿No la alquilan?
T. - No, supongo que no.(El mando de la puerta se deslizó de sus manos y fue a
parar a la acera). Lo siento… dios, ¡joder!
M. - Tranquila…Pensaba que ya te había relajado… (dijo, guiñándole un ojo).
Tejas doradas y ladrillos rojos. La fachada del edificio se tornaba naranja con la luz de la luna llena.
T. - Aquí, -dijo Típica mientras giraba la llave en la puerta número 7.
M. - OK.
T. - No hagas ruido. No creo que se levanten aunque nos oigan, pero por si acaso.
M. - No te preocupes, tengo experiencia en entrar a hurtadillas…, jejeje
Abrió la puerta tras dos giros de muñeca. Afortunadamente, sus padres no habían echado las tres llaves. Que ella tuviera que hacerlo ahora ya suponía bastante retraso.
M. - ¿Qué escondéis aquí?
T. - Mis padres son muy miedosos, robaron hace poco en el edificio y se asustaron.
M. -Desde luego, está bien pensado. Si yo fuera un ladrón, ni lo intentaría…, vaya
coñazo.
Típica siguió a lo suyo, lo más rápido y silencioso que podía (cosa casi imposible). Tres vueltas arriba, tres abajo y tres en el medio y, por costumbre, el tirón del pomo con el que sellaba el ritual.
M. - ¿Ya?
T. - Sí, ya. Pasa detrás de mí, que no quiero encender ninguna luz.
M. - OK.
Por el pasillo, le agarró por la cintura y sintió el tacto cálido de su camiseta de algodón…, su piel… A decir verdad, estaba en la gloria, y aunque también se había calentado un poco en el coche, no le apetecía nada de sexo. Sólo quería acurrucarse junto a ella un ratito y pensar. Necesitaba pensar, pero no se veía capaz de pensar sola.
Al contrario que Típica…, que ya había planeado cada movimiento de su lengua sobre Mal gusto.
Mal gusto reflexionaba y siempre llegaba a la misma conclusión. Sin saberlo, Típica, hacía tiempo (dos semanas en concreto) que se repetía la misma letanía una y otra vez:
“Pensar no es bueno, no es nada bueno, es mejor mantenerse ocupada y no pensar.” No pensar en las cortinas rojas, ni en las fundas nórdicas en blanco, ni en lo conjuntado de armarios y estanterías, no pensar en su beso, en su lengua, no pensar en sus manos, en los movimientos que la desnudarían, no pensar en qué decir y decirlo. No pensar en qué hacer y hacerlo
Y la abrazó.
Pero no era un abrazo cualquiera de amante excitada, ni ese abrazo que se da a medias tintas, entre abrazo y caricia posesiva, no un abrazo de deseo, ni siquiera uno falso en busca del culo más que de cualquier sentimiento de empatía por la otra parte.
La abrazó de verdad.
Típica, siguió con su juego de seducción, succionando la piel de su cuello hasta provocar pequeños circulitos rojos en la piel blanca de Mal. Por un instante se sintió plenamente deseada y al segundo siguiente ridícula, fuera de lugar, como si hubieran abierto la puerta de un mundo paralelo y allí estuviera ella, sola, semidesnuda, besando una pared inerte, llena de babas. Se sintió la violadora-por-excelencia-de-momentos-transcendentes-sin-sentido. No sabía lo que percibía o sí lo sabía pero no lo entendía. De ahí nacía parte de aquella súbita sensación de ridículo. Sintió que su cuerpo chorreaba debilidad entre sus brazos, que emanaba inseguridad a mares y en todas las direcciones. Comprendió sin saber, y sabiendo apretó más fuerte, intentando soportar cual cariátide el peso del templo sobre su cuerpo. Sólo deseaba reconfortarla, ser una buena compañera también en lo malo, por mucho que lo desconociera. Si amar es no decir nunca lo siento, consolar sería no preguntar nunca por qué.
Se dejó caer a los pies de la cama. Descansada, como si acabara de confesar un crimen. En cierto modo lo había hecho, se había desarmado delante de Típica, había dejado que percibiera su miedo, más que eso, se lo había entregado en bandeja con una nota que decía: “Mi debilidad es tu fortaleza”. Tenía que dejar de ver cine japonés.
T. - ¿Sonríes?
M. - No, para nada. ¿No me vas a preguntar?
T. - ¡Ah, sí! ¿Quieres ver una película?
M. - ¿Ahora?
T. - Sí.
M. - A lo mejor hacemos más ruido todavía.
T. - Bah. Venga, elige tú, tengo mil.
Mal se tumbó en la cama, estiró el brazo, se tapó los ojos con la mano que le quedaba libre y señaló en la estantería de detrás una cinta.
T. - (riéndose) ¿Lo tienes que hacer todo siempre tan difícil? A ver qué has cogido…
MIENTRAS DORMÍAS. -Leyó en la carátula. -Ufffff…, la he visto mil veces.
M. - Yo, nunca.
T. - Es la historia de amor de una chica…
M. - Shhhhhh… (Interrumpiéndola) Ya lo has dicho todo. ¿Sabes? El cine tiene una
visión muy derrotista del amor. No debíamos conformarnos tanto.
T. - Guau…, eso es de Garci por lo menos.
M. - Puede que lo haya oído por ahí…
T. - Ella no se conforma. Al final pasa de lo fácil y confiesa su amor verdadero.
M. - Ya me has jodido la película. Jeje. Mira, no la he visto, pero seguro que lo fácil
era irse con el que la quería de verdad en vez de quedarse y afrontarlo.
T. - Pero eso sí que hubiera sido conformarse…, o incluso peor, porque no sabía si el
otro la iba a querer.
M. - ¿Ves como entonces se fue a lo fácil?
T. - Qué lío…, te estás contradiciendo.
M. - No. A ver, lo que yo digo es que irte con alguien que tienes seguro es más fácil
que perseguir un sueño que no sabes si va a hacerse realidad. Y que
probablemente te dé pánico porque, si todo se te cumple, no tienes metas. Por eso es tan conformista diciendo lo de : “no seas tonta, coge a éste, que lo del otro puede que no salga bien”.
T. - Dios… ¿Seguro que no la has visto?, ¿de verdad quieres que la ponga o prefieres
acabar el ensayo primero?
M. - Jajaja. ¿Haces palomitas?
T. - Sí.
M. - Uy, se me había olvidado por completo. ¿El ruido no despertará a tus padres?
T. - No, no creo.
M. - You’re place, you’re rules.
El pop-pop de la cocina se oía en toda la casa, pero no resultó lo bastante fuerte como para esconder el sonido de las llaves y la puerta peleándose entre sí. Se asustó, porque quizás sus padres se habían levantado.
Despacio, se acerco al umbral y vio como Mal intentaba sin éxito abrir la puerta.
T. - ¿Te vas?
M. - Sí…Esto es a prueba de bombas…, me da un poco de dentera el rollo éste a lo
Misery.
T. - ¿No te ibas a despedir?
M. - Lo siento.
T. - Déjalo, ya te abro yo.
M. - Perdona.
T. - No te disculpes, tus razones tendrás para largarte así. Al final, las paranoias de
mis padres han servido para algo.
M. - Lo siento.
T. - En serio, da igual. Me alegro de que no hayas tenido el final de película al que
estarás acostumbrada. Yo, como una tonta en medio del pasillo mientras escucho
el portazo. Un picado perfecto y primer plano de un par de palomitas en el suelo.
M. - No quiero que te enfades. Y no alces la voz, por favor.
T. - Apenas te oigo con la mierda esta del clon-clon de las cerraduras. En fin. Ya
está (abriendo la puerta). Eres libre.
M. - ¿Me dejas besarte?
T. - ¿Me dices por qué huyes?
M. - No estoy preparada para esto.
T. - ¿Para qué? ¿Para dormir con una tía? Por favor…Vete de mi casa.
M. - Lo siento, no puedo explicártelo.
T. - ¿Qué eres, el puto superman? Lo siento…, yo no soy así, perdona. Vete, por
favor. Mañana me tendrás arrastrándome de nuevo por ti, pero ahora necesito algo
de orgullo para mí.
Mal cerró la puerta tras de sí, esperando oír un sollozo o un simple ¡coño!
Sin embargo la despidió el rechinar de una puerta y el sonido de sus llaves, tres vueltas, tres veces, tres cerraduras…
Tres veces tres.
Susurró esa noche, mientras dormía.